Por Qué Nos Gusta El Rally (¡Y A Ti También Debería!)

Velocidad de infarto, recorridos abruptos, maniobras arriesgadas y decisiones tomadas en el último segundo, convierten al Rally en la disciplina automovilística más completa del panorama actual.

En una carrera de rally puede ocurrir de todo. No están limitados a un circuito cerrado y no cuentan con un equipo de mecánicos para cambiar las necesidades del coche a mitad del recorrido.

La etapa es imprevisible y tanto el piloto como el copiloto deben demostrar su buena sintonía y afilados reflejos para llevar al coche hasta el final, mientras se enfrentan a curvas imposibles, condiciones meteorológicas adversas y distintas clases de terrenos.

No importa si es día o noche, hacen un frío o calor extremos, llueve, truene o nieve: en estas competiciones siempre hace un buen día para correr.  Incluso, se da más de un cambio brusco de tiempo en la misma etapa.

En cada recorrido se va al límite para conseguir arañar unos segundos al rival y afianzar la posición en la clasificación.

Tenemos en el espacio reducido del vehículo, a dos personas, responsables por igual del éxito o fracaso de la carrera. El trabajo en equipo es imperativo y la confianza ha de ser mutua.

En otras disciplinas del motor, existen equipos, pero cada uno pilota su vehículo y compite por su propia victoria. No existe trabajo en equipo más allá de llevar los mismos colores.

El piloto puede acaparar más atención por parte del público. Al fin y al cabo, es el encargado de la velocidad y de cuyo manejo del volante depende que podamos presenciar una conducción, más o menos, espectacular del coche. Es el asiento que la mayoría elegiría si tuviese la opción de conducir una de estas máquinas. Aún dicho esto, el rol del copiloto es esencial y para nada testimonial.

El copiloto tiene un papel más crucial que el piloto a la hora de llevar el coche entero hasta la línea de meta. Son los ojos del piloto y sus indicaciones son seguidas al pie de la letra mientras el coche vuela sobre el terreno.

Esta responsabilidad del copiloto, aumenta en las etapas donde la visibilidad es reducida a causa de la niebla o la lluvia, y es donde la confianza del piloto en las directrices de su compañero se pone a prueba.

A pesar de todo lo bueno que sea un equipo, esto es rally, y todo puede suceder para acabar con las aspiraciones de victoria. Los momentos malos están a la vuelta de la curva: accidentes, averías, abandonos, etc. El añadido indispensable de este mundillo.

Una buena competición y un primer puesto, pueden verse truncados en cualquier momento, sin obtener ninguna recompensa a los grandes esfuerzos realizados hasta el momento.

La mayoría de los deportes tienen sus momentos de tensión, riesgo y adrenalina a flor de piel, pero en esta disciplina, vienen en dosis muy elevadas.

Toda la experiencia gana más atractivo si cabe, cuando eres consciente de que la línea que separa una gran victoria de un desesperante abandono, es muy fina.